martes, 26 de febrero de 2013

Con el tiempo...


Con el tiempo he ido entendido que nadie es tan bueno ni nadie es tan malo; que uno en realidad se enamora de las virtudes y de las imperfecciones que uno quiere ver tan perfectas. Que por lo menos yo, estoy llena de matices.

Ni soy estable, ni soy tan vulnerable, simplemente sigo fascinándome de todo, a la vez que intento que el mundo no me duela tanto, tras un sistemático fallo de no poder manejar las hormonas, ignorar a la prensa ni a el panorama con su contrastante tercermundista dinamismo.

Y aunque lloro un montón, sigo guardando el control ante esas situaciones que te pegan en el corazón un noche de cualquier hora ordinaria. Mi primer muerte cercana me ha recalcado que el verdadero dolor no lo llevo nunca en lo público, ni mucho menos en lo alto.

Acepto que mi peor enemigo es ese sentimiento reiterativo de discontinuidad que me ha llevado a un desgaste mental y permanente  de siempre querer amar con lo que  el otro creo espera de mí.  Hay un miedo crónico que me empuja a cuidar el detalle y el mimo de lo que he aprendido nunca se debe de dar por sentado.

Obsesiva continuo pisando hojas que se encuentran en las calles, en los parques y en las aceras de esta ciudad mutante. Hace poco verbalicé que tengo una metodología y haberla confesado sin ser juzgada me ha hecho sentir tan aceptada como querida.

Puedo decir que tengo ambiciones; pero que dudo de mi vocaciones. Que amo el hacer, las aventuras, conocer gente nueva, pero también que amo la ociosidad y el sueño que se desactiva con una sutil luz del día que pega en el cuerpo, cuerpo que hace 4 meses alimento sin azúcar, adelgaza sin pedírselo y al cual aún no me atrevo a darle medicamentos si en Internet descubro que en algún país están prohibidos.

Trabajo, mis oficinas son increíbles, dignas de una película que cuando yo tenía 15 años pensaba protagonizaba alguien que según yo era lo suficientemente grande para tener 27.

Con los días he entendido que por algo escoge ciertos caminos la vida, que se puede perder todo pero nunca la lección, que tu pareja es tu mayor espejo y que lo bello está en lo cotidiano a la vez que lo cotidiano sin los detalles puede resultar en algo sumamente traicionero.

Odio que no me conozcan y me juzguen, a lo mejor por ello guardo con tanto aprecio a quien llegándome a conocer me ama tanto. Soy una eterna agradecida y esa creo es mi mayor virtud. 

Despierto todos los días buscando el rumbo y todas la noches dando las gracias. Tengo el cabello cada vez mejor cuidado e intento que en mi exterior se vea el sutil cariño con el que voy aprendiendo a bordar lo interno. 

No me puedo denominar esposa, emprendedora, restaurantera, mamá, psicóloga, periodista, maestra, cantante y/o actriz, pero me siento orgullosa de querer ser todo y nada. De mutar, buscar y aprender a disfrutar sabores nuevos.

Entiendo que para algunos puedo llegar a ser muy trasparente y para otros simplemente incomprensible, pero también sé que desde la simpleza vemos a los otros, a esos otros llenos de virtudes y de defectos, que comprueban que nadie es terrible, ni nadie es perfecto. 

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